Estás ahí, te veo venir y aún dudo de si esto no es más que un sueño del que no ansío despertar... Pero tu cuerpo se va acercando, con tu andar un poco cansado y tus pies esperando el tan ansiado reencuentro. Llegaste tarde, como lo hacen algunas aves al regresar a sus nidos después de la tormenta para darse cuenta que ya otros desplegaron sus alas hacia nuevos horizontes. Cinco minutos habían pasado, pero llegaste tarde... No por el hecho de los cinco minutos, sino por la razón que me hizo perder la cabeza (y otra vez tu nombre) hace 4 años atrás donde también, por no animarnos, por no jugarnos, por no decirlo y por guardarlo, callamos el más dulce e inocente secreto que podría haber sido la pluma que escribiese la más hermosa historia de amor...

Por qué será que la vida se empeñó tanto en separarnos, si nos cruzábamos casi todos los días a la salida de nuestras clases de inglés... Por qué será que a veces ocultamos en lo más profundo de nuestro corazón aquello que revelan nuestros ojos... Por qué será que hay veces en las que preferimos no jugarnos y guardarnos ese secreto que tantas noches sin luna y sin ti me habría robado el sueño... Por qué será que nuestros labios enmudecieron tanto que ni el recuerdo de un beso me dejaste... Por qué será que nunca, y aún caminando y teniéndote a mi lado, no me animé a susurrarte ningún TE AMO... Por qué será que callamos todo, como dos cobardes, como si nos faltaran las palabras y como si fuéramos dos hojas en blanco...

Y entonces esa había sido la primera vez que se había hecho tarde y en la que juré no volver a enamorarme nunca más... Te fuiste, no fue un abandono, pero mi corazón no entendía de razones. Con vos se había ido todo, mis sueños, mis ilusiones, mis mayores deseos, mis ganas de reír, mis ganas de vivir y mis ganas de volver a amar. Sólo Dios sabe de los días sin sol en los que te busqué en vano... Sólo Dios sabe de las tardes que te esperaba a la salida de inglés para nunca volver a encontrarte... Sólo Dios fue testigo de lo triste que me dejó tu recuerdo y de las oraciones en las que habré suplicado llorando poder volver a encontrarte aunque ya fuese muy tarde... Es casi imposible de que te puedas dar una idea de lo mucho que te necesitaba, de lo tanto que te extrañaba y de lo demasiado que te amaba como para no cesar de buscarte ni aún siguiendo tus huellas ya borradas...

Dicen que aquellas personas que nunca han cometido una locura en sus vidas, es porque nunca han llegado a amar... Dicen que tarda un instante encontrar a una persona especial, un minuto para amarla y una vida para olvidarla... Dicen que cuando se ama nada es demasiado... Dicen que es tan corto el amor y tan largo el olvido... Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan... Ahora yo me pregunto: quién más que yo puede afirmar que todo eso que dicen sea verdad, si yo conocí, en carne y hueso, lo que es estar loco pero de amor... ¿Quién me puede llegar a decir cuál es el límite de la locura, si he hecho demasiado y si no hay barreras en el amor para poder encontrar un corazón?... ¿Quién me dice cuál es la fórmula para poder olvidar y borrar de mi mente a aquella persona que una vez casi me hizo perder la razón?...

Y nunca más te vi, o al menos nunca más volvimos a cruzar palabras... Te sentía tan lejos de mi, tan inalcanzable, tan distante que la distancia me venció... Y el tiempo y los años me enseñaron a olvidarte. A veces nos cruzábamos, a veces te veía, a veces te encontraba, pero ya mi corazón no volvía a palpitar como lo hacía antes cada vez que mis ojos te miraban. No era porque ya ni te quería, no era porque te guardaba rencor, no era porque ya no me gustabas... Nada que ver. Simplemente fue porque esas son las reglas que una vez rompimos, ese fue el destino que un 7 de agosto nos unió y que pasado un año se adueñó de nuestros cuerpos y nos separó para siempre.

Con el tiempo tuve que aprender a olvidarte... No podía seguir viviendo con el hecho de sólo pensar que estabas en este mundo y tan lejos de mi y yo sola con tu recuerdo... Con los años aprendí que la vida es una sola y que hay mucha gente que se cruza en nuestros caminos y que, aunque no las volvamos a ver más, siempre estarán en nuestro corazón. Con los años aprendí a valorar lo poco que dura un momento y a disfrutarlo antes de que se termine. Con los años aprendí a atesorar los instantes inolvidables para recordarlos en una noche de lluvia. Con los años aprendí a perdonar y a curar heridas que quedaron abiertas. Pero los años no vinieron solos... Te extrañaba, te necesitaba... Tuve que hacerme fuerte para poder cargar con el peso de aquella cruz que no me dejaba decirte lo mucho que te amaba... Y tuve que hacerme fuerte también para lograr olvidarte, porque nunca más te encontré, porque nunca más te volví a ver, porque te había perdido el rastro...

Cuatro años pasaron... Cuatro años sin vernos... Cuatro años sin saber del otro... Cuatro años en los que cada uno siguió su camino y en los que yo intenté volver a hacer mi vida. Cuatro años en los que cada uno habrá caminado tomado de otras manos y en los que cada uno habrá besado otros labios... No sé si me fue bien, no sé si me fue mal, tampoco sé que fue de mi vida porque ni yo misma sé lo que hice con ella. Sólo andaba... Quizás con el paso perdido de tanto buscarte o quizás con el corazón deshecho de tanto llorarte. Tantas cosas habrán pasado desde entonces... Tanta agua habrá pasado bajo el puente... Tantas veces habré tenido que levantarme... Tantas veces tantas otras cosas...

Dicen que la vida te trae sorpresas... Dicen que sucede cuando menos lo esperás... Dicen que te sorprende por la espalda y que todo vuelve a ser un reloj que da vueltas hacia atrás. Esa noche te volví a ver, aquella inolvidable noche de un 30 de junio. Alguien había escuchado mis extensas oraciones de una chica de 14 años, que no dormía por si acaso te encontraba en algún lugar. Alguien las había escuchado, después de tanto derramar lágrimas y después de haberme ahogado en llanto. Alguien al fin me había escuchado y se había cansado de saber que existía una persona en este mundo por quien suplicaban tanto. Alguien supo de mi tristeza, alguien supo de mis deseos de volver a encontrarte, alguien supo de mi necesidad de volver a verte...

Sin embargo se hizo tarde... Y hoy me pregunto por qué regresaste en esta etapa de mi vida. Esa noche, después de cuatro años, fue nuestro reencuentro. Para qué describir lo que sentí esa noche si apenas te vi pude sentir como mi corazón ya no volvía a palpitar como cuando aún era aquella nena que te esperaba cada tarde, en la puerta, a la salida de inglés. Para qué describir aquellos pensamientos y sentimientos más profundos si todo parecía un viaje de regreso al ayer. Para qué confesar todo aquello que se cruzó por mi mente aquel instante que te vi, si no pude susurrar palabra alguna y ni siquiera decirte –hola.-

Lo nuestro fue un antes y un después... Un pasado y un presente... Un ayer y un hoy... Un comienzo que parecía tener final hasta que nuestros caminos se cruzaron vaya a saber por qué extraña razón. Y ahora estabas ahí, mirándome como tantas otras veces lo hiciste y esperando que yo me acerque. Estabas ahí, con tu cabeza agachada y tus hombros algo bajos... Capaz tenías frío... Capaz sólo era una característica en vos... Sin embargo te saludé, lo recuerdo, y toda la noche jugué a que éramos dos extraños que recién se conocían. ¿Acaso eras vos? ¿Acaso era yo? ¿Acaso éramos los mismos? No, ya no... Somos como el agua y el aceite.

Ya no... y todo lo que pudo ser alguna vez quedó escrito en el pasado...