Había una vez una princesa y un verdugo… Un buen gesto y el más escalofriante de los castigos… Un sueño y la peor pesadilla… Un lugar y el más recóndito rincón… Una tranquilidad y el más terrible de los terremotos… Un ataque y una defensa… Un silencio avasallador y un grito de furia… Una fuga y un Dios aparte… Un escalofrío y entonces el llanto… Una declaración y la nada misma otra vez... En veintidós letras: una violación a domicilio.
Sin palabras... Sin nada que decir, sin nada para hablar, sin nada para agregar... Sólo para declarar algo que quizás vuelva a quedar inconcluso, como tantas otras veces. Y entonces la incomprensión, la desgana, el desaliento, el temor, la inseguridad, la injusticia, el miedo a salir, la perdición, la intolerancia, la persecución, el odio, la bronca, la impotencia, el malestar, el sufrimiento, la desilusión, el cansancio, el trauma, el pensamiento de venganza y las marcas para el resto de mi vida.
¿Quién me devolverá ahora la seguridad robada, la inocencia perdida, las ilusiones desvanecidas, aquella paz interior de la que muchos hablan, la tranquilidad perturbada y la confianza derrumbada? Nadie... ¿Quién se hará cargo esta vez del daño causado, de las lágrimas derramadas, de la calma robada, del tiempo perdido y de las heridas que nunca cicatrizan? Nadie... Y todo vuelve y se repite una vez más, de diferentes maneras.
Ninguno. Nadie será capaz de devolverme aquello que alguna vez fui... Nadie me devolverá ya la sonrisa ni las ganas de volver a vivir... Nadie me regalará la seguridad y la privacidad que alguna vez creí tener... Nadie se hará cargo de la pequeña parte de la cual es responsable. En estos casos, hasta el más bueno de todos desaparece. Nadie, en consecuencia, será capaz tampoco de testificar, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver y no hay peor persona que la cómplice.
No habrá documento policial, ni informe de psicóloga, ni base de datos, ni receta de médico, ni estudios de análisis, ni rastreo de huellas, ni fotos, ni identikit que puedan devolverme aquello que, en un plazo de cinco minutos, fue arrebatado por alguien que se avasalló sobre mi, se apoderó de mi cuerpo, me quitó la calma y cargó sobre sus hombros con lo único que aún me quedaba: mi casa.
“Abuso Deshonesto” recuerdo que fue titulada la carátula del crimen cometido. Pero fue algo mucho más que eso... Creo que debería haber sido llamada de alguna otra forma...

1 comentarios:
Barbi, es un privilegio para mí inaugurar tu Blog.
Ahora que pudimos poner el fondo que te gustaba, espero que sigas subiendo muchos textos ;)
Te aliento a continuar expresándote de esta manera, permitiéndonos conocer aquellos que sentís ganas de compartir con nosotros.
Te quiero mucho!
Pablo
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Gracias por su opinion =)